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Revelaciones

en contexto

Susa Young Gates y la visión de la redención de los muertos

D. y C. 138

Lisa Olsen Tait

En la tarde del viernes 5 de noviembre de 1918, Susa Young Gates y su esposo, Jacob, pasaron por la casa de unos buenos amigos para recoger una caja de manzanas. Esa casa era la Casa de la Colmena, en la esquina de State Street con South Temple, en Salt Lake City, y esos amigos eran Joseph F. Smith, Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y su esposa, Julina Smith. Susa y Joseph se conocían desde que Susa era niña, en la década de 1860, cuando él visitaba con asiduidad el hogar del padre de ella, Brigham Young. La familia Gates y la familia Smith habían prestado servicio juntos como misioneros en Hawái en la década de 1880, y habían mantenido una estrecha amistad desde entonces. Susa y Joseph habían forjado una amistad particularmente estrecha. Ella le llamaba “mi querido y respetado amigo y hermano”, y él la llamaba su “querida hermana”, y expresaba hacia ella “el más auténtico amor fraternal”1. Lo que sucedió durante su visita aquella tarde llegaría a ser la expresión suprema de esa amistad, y un profundo reconocimiento personal a los incansables esfuerzos de Susa en lo que ella llamó “la obra de redimir a los muertos”2.

“Una obra mayor”

Susa Young Gates fue una de las mujeres Santos de los Últimos Días más prominentes de su época. Mujer de determinación y energía indomables, había trabajado durante décadas como escritora, editora, educadora y líder en la Asociación de Mejoramiento Mutuo de las Mujeres Jóvenes (YLMIA, por sus siglas en inglés), en la Sociedad de Socorro y en varias organizaciones de mujeres a nivel nacional. Pero en 1918 su principal motivación era la genealogía y la obra del templo, un área por la que había abogado durante más de una década, tomando una posición de liderazgo entre los Santos de los Últimos Días3.

Susa tenía el sentimiento sagrado de tener una misión personal en esta obra. En 1902, tras regresar de una reunión del Consejo Internacional de Mujeres en Europa, Susa había caído gravemente enferma. En Londres pidió una bendición del sacerdocio al élder Francis M. Lyman, que entonces servía como presidente de la Misión Europea, y en esa bendición él le dijo: “Vivirás para llevar a cabo la obra del templo, y realizarás una obra mayor de la que nunca has realizado antes”. Este encargo se convirtió en la fuerza motora de su vida. “Había estado interesada antes en la obra del templo”, dijo, “pero ahora sentía que debía hacer algo más, algo para ayudar a todos los miembros de la Iglesia”4.

Difícilmente podría Susa haber hecho más de lo que continuó haciendo por la causa de la historia familiar y la obra del templo. Ella escribió incontables artículos en periódicos y revistas, enseñó clase tras clase y viajó a muchas estacas y barrios para llevar el mensaje. Visitó bibliotecas genealógicas en el Este de los Estados Unidos e Inglaterra, y mantuvo correspondencia con genealogistas de muchos otros países, procurando mayor conocimiento y experiencia. Prestó servicio en la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro, donde logró introducir en los cursos de estudio lecciones sobre genealogía (la mayoría de las cuales también escribió ella). Publicó un libro de referencia sobre apellidos, que constaba de seiscientas páginas, y a menudo colaboraba con una nueva revista dedicada a la investigación genealógica5. Con todo este esfuerzo, también encontró tiempo para prestar servicio durante décadas como obrera de ordenanzas del templo. La labor de Susa fue esencial para poner la historia familiar en el punto de mira de los Santos de los Últimos Días.

En ese empeño trabajó estrechamente con el élder Joseph Fielding Smith —ayudante del Historiador de la Iglesia, hijo del Presidente de la Iglesia y, a partir de 1910, miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles—. El élder Smith también prestaba servicio como secretario de la Sociedad Genealógica de Utah, la organización genealógica oficial de la Iglesia. Susa se refería al élder Smith como “el apóstol de los espíritus en prisión” y como “el elocuente portavoz” de la genealogía y la obra del templo6. Susa y el élder Smith hablaban juntos en reuniones genealógicas —ella proporcionaba instrucción práctica en metodología y él exponía el fundamento teológico de la obra—. Gracias a sus esfuerzos y a los de varios miembros con ideas afines, miles de Santos de los Últimos Días recibieron capacitación y aliento para llevar a cabo la historia familiar y la obra del templo.

A pesar de estos logros, con frecuencia Susa sentía que estaba librando una batalla cuesta arriba. Ella creía que demasiados Santos de los Últimos Días mostraban “una indiferencia muy general” hacia la genealogía y la obra del templo7. “Ni siquiera un ángel que viniera del cielo podría hacer que algunas de estas mujeres de club social y estos exitosos hombres de negocios dedicaran una porción de su tiempo a la obra del templo”, escribió Susa a una amiga8.

Cuando visitó al presidente Smith esa tarde de noviembre de 1918, a Susa se le había recordado recientemente la falta generalizada de entusiasmo por la obra de historia familiar. Los miembros de la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro casi habían decidido suspender las lecciones de genealogía. “He tenido que ponerme del lado de la obra genealógica en contra de todos los demás”, escribió en una carta. Apenas había logrado mantener [la genealogía] como parte de los cursos de estudio9. En la conferencia de la Sociedad de Socorro que tuvo lugar en octubre de 1918, los líderes de la estaca declararon que las lecciones de genealogía eran demasiado complicadas, y sugirieron que se “simplificaran” y “que se pusiera el énfasis en la parte espiritual en lugar de hacerlo en la parte educativa de este estudio”. Susa les aseguró que el recientemente publicado Surname Book and Racial History [Libro de los apellidos y la historia de las razas] ayudaría a que las lecciones fueran más asequibles10. Pero ella había insistido por mucho tiempo en que las dimensiones espiritual y práctica de la genealogía eran complementarias. “Toda la inspiración que deseemos en el mundo no salvará a nuestros muertos”, declaró. “También debemos tener información a fin de consumar esta noble obra”11. Ella continuó trabajando, haciendo todos los esfuerzos por proporcionar tanto información como inspiración a otros santos.

“Las huestes de los muertos”

En noviembre de 1918, el presidente Smith estaba enfermo —entrado en años, débil y en rápido declive—. Había pasado gran parte del año en casa, incapaz de mantener el exigente ritmo que caracterizó la mayor parte de su vida. A los achaques relacionados con la edad se unió un intenso pesar. En enero, su amado hijo mayor, el élder Hyrum M. Smith, murió repentinamente por una ruptura de apéndice. “¡Mi alma se parte de angustia y tengo roto el corazón! Oh, Dios, ¡ayúdame!”, exclamó el presidente Smith en aquella ocasión12. Pero los golpes continuaron. En febrero, un joven yerno murió a causa de una caída accidental y, en septiembre, la esposa de Hyrum, Ida, murió solo unos días después de dar a luz, dejando cinco niños huérfanos. Mientras tanto, la Gran Guerra (la Primera Guerra Mundial) llegaba a su fin, dejando una estela de inimaginable mortandad y devastación, y una pandemia de gripe a nivel mundial se cobraba millones de víctimas. Para el presidente Smith, fue un tiempo de profundo pesar personal en medio de un gran sufrimiento global13.

Estas catástrofes confirieron a la conferencia general de octubre un evidente telón de fondo. La asistencia se redujo notablemente, “debido al gran número de poseedores del sacerdocio que habían ido a la guerra”14. Probablemente la creciente epidemia de gripe hizo que las personas también se quedaran en casa. Haciendo acopio de sus debilitadas fuerzas, el presidente Smith apareció por sorpresa y presidió cuatro sesiones de la conferencia. “Durante los últimos cinco meses he padecido el acoso de una gravísima enfermedad”, dijo en sus palabras de apertura. “Aunque en cierto modo debilitado en el cuerpo”, afirmó, “mi mente es clara en lo que a mi deber se refiere”. A continuación, el presidente Smith dio a entender en su mensaje que aún le costaba encontrar las palabras para expresarse. “No trataré, no me atrevo a hacerlo, de entrar en los muchos asuntos que ocupan mi mente esta mañana”, dijo, “y pospondré hasta un momento futuro, si el Señor lo desea, mi intento de decirles algunas de las cosas que tengo en la mente y que guardo en mi corazón”15. Y continuó: “No he vivido solo durante estos cinco meses. Me he apoyado en el espíritu de oración, de súplica, de fe y determinación; y he tenido continuamente una comunicación con el Espíritu del Señor”16.

Las palabras del presidente Smith se referían sin duda en parte a los acontecimientos del día anterior, 3 de octubre de 1918, cuando tuvo una extraordinaria visión de la visita del Salvador al mundo de los espíritus (que actualmente se encuentra registrada en Doctrina y Convenios 138). En esa visión, el presidente Smith vio “las huestes de los muertos” que esperaban la llegada del Salvador. Al preguntarse cómo había podido Cristo llevar a cabo Su ministerio entre los muertos en el “breve tiempo que transcurrió entre la crucifixión y su resurrección”, el presidente Smith vio que Él “organizó sus fuerzas y nombró mensajeros” de entre los espíritus justos, y “pasó su tiempo, durante su permanencia en el mundo de los espíritus, instruyendo y preparando a los fieles espíritus de los profetas que habían testificado de él en la carne” para que llevaran el mensaje de la redención a los espíritus de aquellos que no habían escuchado o no habían recibido el Evangelio en la vida terrenal17.

El deseo del presidente Smith de hablar en persona de estas cosas a los santos no se cumplió. Diez días después de la conferencia general, dictó la visión a su hijo, Joseph Fielding Smith18, y dos semanas más tarde, el 31 de octubre, Joseph Fielding Smith leyó el texto a la Primera Presidencia y al Cuórum de los Doce Apóstoles en su reunión de consejo habitual en el templo. Este “contó con la plena aprobación de todos los hermanos”, anotó, e hicieron planes para publicarlo en el ejemplar de diciembre de la revista Improvement Era19. Una semana después de esa señalada reunión, Susa y Jacob Gates visitaron el hogar de la familia Smith.

“Un intenso gozo y un consuelo”

Cuando los Gates visitaron a los miembros de la familia Smith, el presidente Smith invitó a Susa a pasar a su despacho. “Le di todo el consuelo que pude en su grave enfermedad”, escribió Susa20. Él le dijo: “Estás haciendo una gran obra, mayor que cualquier cosa que conozcas”. Unos minutos después, a Susa y al presidente Smith se unieron Jacob y Julina, así como otras personas (presumiblemente miembros de la familia Smith), y el presidente Smith le dio a Susa un papel para que lo leyera. Era una transcripción del relato de su visión. “¡Cuan bendecida! ¡Oh, cuán bendecida soy de tener este privilegio!”, escribió Susa esa noche en su diario. “De que se me permita leer una revelación antes de que se haga pública, de saber que los cielos continúan abiertos”21.

La descripción de Susa de la visión recalcaba los aspectos que a ella le parecían más emocionantes: “En ella relata su visión de la eternidad; cuando el Salvador visitó a los espíritus en la prisión, cómo Sus siervos los ministran; vio al Profeta, y a todas las autoridades generales con quienes se relacionó, trabajando en las cárceles; ¡a la madre Eva y a sus nobles hijas embarcadas en la misma causa santa!”. Habiendo abogado mucho tiempo por la causa de las mujeres, Susa se regocijó ante la mención específica que se hace de las mujeres en la revelación, agradecida de que “Eva y sus hijas fueran recordadas”22. Y se regocijó en la aserción de la revelación en cuanto a la obra por los muertos. “Sobre todo”, escribió, “que se haya dado esto en un momento en que la obra de nuestro templo y los obreros, y nuestra genealogía necesitan tanto aliento. No tengo palabras para expresar mi gozo y mi gratitud”23. “¡Piensa en el impulso que esta revelación dará a la obra del templo en toda la Iglesia!”, escribió más tarde a una amiga24.

Dos semanas después, el 19 de noviembre de 1918, el presidente Joseph F. Smith murió. El anuncio y la publicación de su visión aparecieron junto a los muchos tributos que se publicaron al momento de su defunción. En la revista Relief Society Magazine, la editora Susa Young Gates publicó un extenso tributo al presidente Smith y sus esposas, junto a panegíricos de varias mujeres con posiciones de liderazgo en la Iglesia, y posteriormente incluyó el texto completo de la “Visión de la redención de los muertos”, como se llamó, pero sin desvelar su experiencia personal con ella. Aquí se explayó en sus comentarios privados sobre la referencia a Eva y a sus hijas en el texto: “Es inusual —la mención a la labor de las mujeres al otro lado del velo—”. Susa sintió que “la visión directa de [mujeres] en asociación con profetas y élderes antiguos y modernos confirma el noble modelo de igualdad entre los sexos, el cual siempre ha caracterizado a esta Iglesia”25.

Y continuó: “El principal mensaje de la visión para este pueblo es una clara llamada a que despierten a la imperiosa necesidad de ocuparse de sus muertos”26. A pesar de los reveses y desafíos en este empeño, la visión del presidente Smith fue para ella “un intenso gozo y un consuelo”27. Siete décadas antes, José Smith había escrito a los santos sobre el mismo asunto: “¿no hemos de seguir adelante en una causa tan grande?”28. Ahora, Susa Young Gates, con una visión y un compromiso renovados, continuó con el llamado: “¡Que las personas, y especialmente nuestras hermanas, se eleven a la medida de su plenitud en respuesta a esta manifestación de los cielos!”29.

Notas al pie de página

[1] Carta de Susa Young Gates a Joseph F. Smith, 14 de octubre de 1918, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City, Utah; postal navideña de Joseph F. Smith a Susa Young Gates, 26 de diciembre de 1914, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City, Utah.

[2] Susa Young Gates, “A Friend of the Helpless Dead”, Relief Society Magazine, tomo IV, núm. 9, septiembre de 1917, pág. 486.

[3] En James B. Allen, Jessie L. Embry y Kahlile B. Mehr, Hearts Turned to the Fathers: A History of the Genealogical Society of Utah, 1894–1994, BYU Studies, 1995, págs. 59–90, se encuentra una reseña del liderazgo de Susa Young Gates en asuntos genealógicos.

[4] “Susa Young Gates”, Utah Genealogical and Historical Magazine, tomo XXIV, julio de 1933, págs. 98–99.

[5] Véase Susa Young Gates, ed. y comp., Surname Book and Racial History: A Compilation and Arrangement of Genealogical and Historical Data for Use by the Students and Members of the Relief Society of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, Salt Lake City: Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro, 1918. La revista era la Utah Genealogical and Historical Magazine, publicada trimestralmente por la Sociedad Genealógica de Utah desde 1910.

[6] Susa Young Gates, discurso pronunciado en la convención genealógica de la Sociedad de Socorro, 7 de octubre de 1918, citado en Amy Brown Lyman, “General Conference of Relief Society”, Relief Society Magazine, tomo V, núm. 12, diciembre de 1918, pág. 676.

[7] Susa Young Gates, “Inspiration versus Information”, Utah Genealogical and Historical Magazine, tomo IX , julio de 1918, pág. 131.

[8] Carta de Susa Young Gates a Elizabeth C. McCune, 14 de noviembre de 1918, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City, Utah.

[9] Carta de Susa Young Gates a Elizabeth C. McCune, 4 de octubre de 1918, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City, Utah.

[10] Amy Brown Lyman, “General Conference of Relief Society”, págs. 661–662.

[11] Gates, “Inspiration versus Information”, pág. 132.

[12] Joseph Fielding Smith, comp., Life of Joseph F. Smith: Sixth President of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, Salt Lake City: Deseret News Press, 1938, pág. 474.

[13] Para leer un excelente análisis sobre el contexto personal y global de la visión de Joseph F. Smith, véase George S. Tate, “‘The Great World of the Spirits of the Dead’: Death, the Great War, and the 1918 Influenza Pandemic as Context for Doctrine and Covenants 138”, BYU Studies, tomo XLVI, núm. 1, 2007, págs. 4–40.

[14] Mesa del Editor, Improvement Era, tomo XXII, núm. 1, noviembre de 1918, pág. 80. Este mismo informe decía que “más de quince mil hombres poseedores del sacerdocio estaban prestando servicio militar”.

[15] Joseph F. Smith, en Conference Report, octubre de 1918, pág. 2. Según Susa Young Gates, el presidente Smith habría hablado de su visión en la conferencia general “si se hubiera sentido lo suficientemente fuerte como para hacerlo sin que le embargara la emoción” (Carta de Susa Young Gates a Elizabeth C. McCune, 14 de noviembre de 1918).

[16] Joseph F. Smith, en Conference Report, octubre de 1918, pág. 2. El informe indicaba que “al final del discurso del presidente Smith, el organista tocó un acorde de ‘Te damos, Señor, nuestras gracias’. La congregación se puso en pie al unísono y, sin que se hubiera anunciado previamente y bajo una fuerte emoción, cantaron ese sagrado himno tan querido para los santos (Conference Report, octubre de 1918, pág. 3).

[17] Doctrina y Convenios 138:11, 27, 30, 36.

[18] “Conforme mi padre dictaba, escribí una revelación o visión que recibió el día 3”, anotó Joseph Fielding Smith en su diario el 17 de octubre. En Life of Joseph F. Smith, Joseph Fielding Smith escribió que su padre quiso que su visión se registrase “inmediatamente después de la clausura” de la conferencia general que tuvo lugar del 4 al 6 de octubre de 1918 (pág. 466). Estas fechas corresponden con las que se dieron en subsiguientes análisis sobre la visión y en el actual encabezamiento de la sección de Doctrina y Convenios. Sin embargo, el diario de Joseph Fielding Smith indica que no registró la visión conforme al dictado de su padre sino hasta casi dos semanas después de la conferencia general (véase el diario de Joseph Fielding Smith, 17 de octubre de 1918, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City, Utah).

[19] Diario de Joseph Fielding Smith, 31 de octubre de 1918, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City, Utah. Véase “Vision of the Redemption of the Dead”, Improvement Era, tomo XXII, núm. 2, diciembre de 1918, págs. 166–170. La visión también se publicó en Deseret News, Relief Society Magazine, Young Woman’s Journal y Millennial Star. Se incluyó en Gospel Doctrine: Selections from the Sermons and Writings of Joseph F. Smith, Sixth President of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, ed. John A. Widtsoe, Salt Lake City: Deseret News, 1919, que fue una obra de referencia muy leída entre los Santos de los Últimos Días a lo largo del siglo XX. La visión se incluyó en La Perla de Gran Precio en 1976, y posteriormente se añadió a la edición de Doctrina y Convenios de 1981. Véase N. Eldon Tanner, “The Sustaining of Church Officers”, Ensign, mayo de 1976, pág. 19.

[20] Este relato ha sido reconstruido a partir de dos fuentes: el diario de Susa Young Gates, 5 de noviembre de 1918, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City, Utah; y la carta de Susa Young Gates a Elizabeth C. McCune, 14 de noviembre de 1918.

[21] Diario de Susa Young Gates, 5 de noviembre de 1918.

[22] Diario de Susa Young Gates, 5 de noviembre de 1918; véase también Doctrina y Convenios 138:39.

[23] Diario de Susa Young Gates, 5 de noviembre de 1918.

[24] Carta de Susa Young Gates a Elizabeth C. McCune, 14 de noviembre de 1918.

[25] “In Memoriam: President Joseph F. Smith”, Relief Society Magazine, tomo VI, núm. 1, enero de 1919, pág. 21.

[26] “In Memoriam”, pág. 21.

[27] Carta de Susa Young Gates a Elizabeth C. McCune, 14 de noviembre de 1918.

[28] Doctrina y Convenios 128:22.

[29] “In Memoriam”, pág. 21.