Pioneros

    en toda tierra

    “Para que conozcan los convenios del Señor”

    Olivas Aoy and the Book of Mormon

    Matthew McBride

    Olivas Vila Aoy1 llegó a Salt Lake City en marzo de 18842. Hombre educado de 61 años3, originario de España, cuya presencia en las calles de la capital de Utah fue algo peculiar, ya que la mayoría de la población del estado, predominantemente mormona, era de origen británico o del norte de Europa, y pocos hablaban español. Era la primera visita de Aoy a la sede de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, donde tenía previsto quedarse dos o tres semanas. Cuatro años antes, se había unido a la Iglesia en Nuevo México donde, durante más de una década, había sido editor de periódicos en un grupo disperso de pequeños pueblos mineros a lo largo de lo que llegó a conocerse como el Camino turquesa4.

    Mientras estaba en Salt Lake City visitó el estudio de arte de George M. Ottinger, famoso en Utah por sus pinturas de México y de la cultura azteca. De joven, Ottinger había viajado por todo México, fascinado por las culturas de los pueblos indígenas5. Consideró a Aoy como una persona con fines similares.

    Nómada

    El interés de Aoy por los pueblos indígenas americanos había comenzado unos 25 años antes, cuando él también viajó a México. El viaje tuvo lugar en un momento decisivo de su vida. Antes del viaje se estaba preparando para ser sacerdote franciscano en La Habana, Cuba. Tras un acalorado desacuerdo con el vicario general sobre la necesidad del celibato en el sacerdocio, Aoy fue excomulgado de la Iglesia Católica6. Como no tenía otros lazos que le unieran a Cuba, se marchó a México en barco. Llegó a la península de Yucatán, donde vivió entre los mayas durante varios años y, según cuenta un relato, “adoptó su estilo de vida, su ropa y sus costumbres”7.

    Durante el tiempo que pasó entre los mayas, desarrolló una preocupación constante por el futuro de ese pueblo. La civilización maya, enorme en otra época y cuya población se había reducido drásticamente, sufría bajo el yugo hispano mexicano. Relegado al nivel más bajo de un sistema de castas que privilegiaba a sus conquistadores europeos, algunos mayas llegaron a tomar las armas para luchar por la independencia8. Es posible que Aoy llegara a conocer las penurias de los mayas mientras estaba en La Habana, donde es muy probable que se encontrara con rebeldes mayas que habían sido vendidos para que trabajaran como siervos en las plantaciones cubanas9.

    Aunque Aoy se quedó en Yucatán por unos años, la experiencia que vivió allí le dejó una impresión duradera. El maltrato de los pueblos indígenas americanos por otros europeos le resultaba desagradable10. Ya sensible a las necesidades de los oprimidos, quizás por su carácter o por su formación franciscana, se marchó de Yucatán con un renovado afán por defender a los oprimidos y desfavorecidos, dondequiera que los encontrara.

    Editor

    Aoy se trasladó a Nueva Orleans en la década de 1860. Allí, durante la Guerra Civil de los Estados Unidos, enseñó a leer y a escribir a cuatro regimientos de la Unión compuestos mayoritariamente por esclavos liberados11. Tras detenerse brevemente en Saint Louis, Misuri, donde volvió a trabajar como maestro, se mudó a la pequeña población de Las Vegas, Nuevo México. Al buscar la forma de mejorar la vida de quienes le rodeaban, empezó a participar activamente en la política, aprendió solo el oficio de impresor y publicó periódicos dedicados a la causa del progreso científico y a mejorar la vida de las clases trabajadoras.

    Empezó “sin ninguna habilidad como impresor de lo que podía esperarse de un novato en una oficina” o un aprendiz, y “sin más fuentes o materiales de los que un hombre podía llevar sobre su espalda”12. Pero, a pesar de su inexperiencia, pronto obtuvo el respeto de quienes le rodeaban y consiguió ganarse la vida modestamente con los periódicos. Los mineros de los pueblecitos y campamentos de Nuevo México a los que llegaban sus periódicos solían llamarle “Padre Aoy”, refiriéndose a su pasado franciscano13.

    Los periódicos de Aoy, que a veces se publicaban en español e inglés, apoyaban claramente lo que se denominaba ideas progresivas, incluyendo “el ascenso de la clase sobria e industriosa de la sociedad, sin distinción de sexo, color, nacionalidad, etcétera, a través de la acción organizada y la cultura mental”14. La educación, según Aoy, era clave para desarrollar el potencial humano y mejorar la situación de cada persona. Además de dirigir sus periódicos, Aoy también enseñaba español a alumnos interesados.

    Santo de los Últimos Días

    Fue en Nuevo México, en 1879, donde Aoy conoció a Lawrence M. Peterson, un élder Santo de los Últimos Días de Manassa, Colorado, que hablaba español15. Peterson le dio copias de publicaciones de la Iglesia, incluyendo varias ediciones de La Voz del Desierto, un antiguo periódico mormón que se publicó en México16. Estas publicaciones dieron a conocer a Aoy la promesa que hay en el Libro de Mormón sobre un lugar importante para los pueblos indígenas americanos en el desarrollo de la obra de Dios. Este mensaje, junto con la cooperación y el idealismo que encontró en las comunidades mormonas, hicieron eco en Aoy, que no tardó en bautizarse.

    Aoy empezó a pensar en formas de utilizar sus habilidades y experiencia en nombre de su nueva fe. Escribió a Peterson, insistiendo en que el norte de Nuevo México era “un lugar destinado por Dios para plantar una nueva estaca de Sión, fundada desde el principio con una buena escuela permanente y la publicación de un periódico”17. Estaba interesado sobre todo en enseñar y ayudar a grandes poblaciones de mexicanos e indígenas Pueblo en esa región.

    Traductor

    Durante esa primera visita a Salt Lake City en 1884, Aoy estudió las pinturas del México azteca de George Ottinger. Esos dos hombres, con la pasión por las culturas indígenas mexicanas que tenían en común, debieron haber mantenido una conversación muy animada. Posteriormente, a través de Ottinger o de otra persona en Salt Lake City, Aoy se enteró de que había un importante proyecto en marcha.

    Antes de su conversión, sólo se habían traducido partes del Libro de Mormón al español. Trozos Selectos del Libro de Mormón se publicó en 1875. Cuando Aoy visitó Salt Lake City, Melitón González Trejo, otro converso español y el responsable de la traducción de Trozos Selectos, había empezado a trabajar en una traducción completa al español junto con James Zebulon Stewart, que había sido misionero en México18.

    En lugar de volver a Nuevo México, Aoy se quedó en Utah y se unió al equipo de traducción. Moses Thatcher, el apóstol encargado de supervisar esa tarea, vivía en Logan, Utah, al igual que Trejo y Stewart19. Aoy también se mudó allí y, durante dos años, ayudó en la traducción y la publicación del Libro de Mormón en español. Mientras estaba allí, recibió la investidura en el Templo de Logan20.

    En el momento de unirse al equipo, había un primer borrador de la traducción casi terminado, pero había que revisarlo. Aoy, que hablaba tanto inglés como español con fluidez, hizo cientos de cambios, pequeños pero importantes, en el texto durante ese proceso21. Por ejemplo, la palabra utilizada por millones de miembros hispanohablantes de la Iglesia en la actualidad para referirse a los registros del Libro de Mormón planchas, fue sugerida por Aoy22.

    Cuando llegó el momento de publicar el libro, su experiencia como impresor fue una gran ayuda para el proyecto. Bajo la supervisión de James Z. Stewart, Aoy realizó las funciones de revisor y, durante un tiempo, de tipógrafo23. Como el español era su lengua materna, pudo realizar esa tarea con más rapidez y precisión que los impresores anglófonos de la oficina de Deseret News24.

    La traducción finalizada, que se publicó en 1886, fue un hito muy importante. Los líderes y los misioneros de la Iglesia la consideraron esencial para llegar a “más personas a las que el Libro de Mormón va dirigido especialmente —los indios de las Américas— que cualquier otra traducción”25. Aunque Trejo y Stewart aparecieron en la portada del libro como principales traductores, Aoy desempeñó una función vital. El élder Thatcher escribió al presidente John Taylor: “No sé cómo podríamos seguir adelante con la impresión sin la ayuda del hermano Aoy”26.

    Misionero

    Más adelante, Stewart escribió que, durante la traducción del Libro de Mormón, Aoy “sintió una gran ansiedad por los indígenas de Yucatán”27. Después de todo, parte del propósito declarado en el libro era recordar a los Santos de los Últimos Días descendientes del pueblo que allí se describe “cuán grandes cosas el Señor ha hecho por sus padres; y para que conozcan los convenios del Señor y sepan que no son ellos desechados para siempre”28. Un inquieto Aoy sintió que debía hacer algo más. No bastaba con que el Libro de Mormón se hubiera traducido al español. Se sentía obligado a llevar el libro a los mayas, a quienes consideraba descendientes de los pueblos del Libro de Mormón.

    Junto con Emil Buchmüller, un conocido de Logan, Aoy redactó una propuesta para establecer una misión entre los mayas “en beneficio de los aborígenes de esta Tierra prometida occidental”29. Esperaban hacer algo más que predicar: querían fundar escuelas que pudieran mantenerse con cultivos de algodón e incluso, casarse con mujeres mayas30. Aoy y sus potenciales compañeros misioneros “deseaban dedicar el resto de su vida a la causa de la educación en general y a mejorar la vida de los lamanitas en particular”31.

    Aoy envió el plan al presidente Taylor, que les dio su bendición y se aseguró de que Aoy fuera compensado por su trabajo en la publicación del Libro de Mormón32. Después, Aoy viajó rumbo a México33. Su ruta le llevó a través de El Paso, Texas, donde se detuvo a esperar su equipaje. Mientras estaba allí, descubrió a otro grupo que necesitaba su ayuda.

    Maestro de escuela

    Cuando Aoy llegó a El Paso en 1887, los niños de habla hispana que vivían allí no podían participar en las escuelas públicas, en las que sólo se hablaba inglés. Olvidados en los cálculos de la comunidad anglosajona, esos niños tendrían dificultades para integrarse completamente en la sociedad de El Paso sin una escuela que pudiera enseñarles inglés. Aoy “descubrió un entusiasmo conmovedor por tener una escuela entre los mexicanos más pobres, pero no encontró dinero para hacerla realidad”34. Como cristiano compasivo, maestro comprometido e hispanohablante intelectual, Aoy debió de sentir que se le había llamado a estar allí en ese momento y decidió retrasar su misión en México.

    Aoy se reunió con los preocupados padres y organizó una asociación para poner en marcha una escuela. Usó sus ahorros personales —incluyendo el dinero que le habían pagado por la traducción— para alquilar un salón de clases y comprar materiales básicos35. “Se dio cuenta de que no podía esperar otra remuneración que no fuera la gratitud de los padres y los niños, y la satisfacción de ayudar en una buena obra”36.

    Durante siete meses, enseñó a su clase, formada por 30 o 40 alumnos, deseando tener medios para llegar a más alumnos. El dinero empezó a escasear, lo que constituía una amenaza para el futuro de la escuela. Sus sacrificios personales por el bienestar de los niños de sus clases empezaron a poner en riesgo su propia salud y su bienestar. Afortunadamente, gracias al esfuerzo de conocidos que simpatizaban con él, su trabajo llamó la atención de la mesa directiva escolar, que decidió financiar una “Escuela preparatoria mexicana”37.

    Epílogo

    Aoy nunca se marchó de Texas. Como no había ramas de la Iglesia en El Paso en ese momento, vivió aislado como Santo de los Últimos Días, dedicándose a su escuela y a sus alumnos. Murió ocho años después, en 1895, venerado en El Paso hispano como pionero de la educación. La escuela que fundó y que hoy lleva su nombre es la escuela de la ciudad que más tiempo lleva en funcionamiento. Su visión de la “unión de las dos segmentos de [la] población” mediante la educación bilingüe se convirtió en su legado38.

    Aunque no sirvió una misión en Yucatán, Aoy nunca se olvidó de esa idea. Con frecuencia hablaba a sus amigos de El Paso sobre “volver para pasar el resto de su vida” entre los mayas, pero su salud y su edad avanzada hacían que esa aventura resultara cada vez más improbable39. Quizá lo que el Señor deseaba es que se dedicara a mejorar la vida de los niños de habla hispana de El Paso.

     

    El autor agradece la investigación de Conrey Bryson, Mark Cioc-Ortega, Bill Baxter, Nicholas Corona, Christy Best y Michael Landon, y las contribuciones de James Goldberg y Matthew Geilman. La interpretación de las fuentes es responsabilidad exclusiva del autor.

     

    Notas al pie de página

    [1] Existe incertidumbre sobre el verdadero nombre de Aoy. Algunas fuentes, entre las que se incluyen los registros del Templo de Logan, sugieren que al nacer se le dio el nombre de Jaime Vila. Véase Conrey Bryson, “A Man Named Aoy”, Password (diario de la Sociedad Histórica de El Paso), tomo XXXV, Nº II, verano de 1990, pág. 97; “Professor Aoy’s Funeral”, El Paso Daily Herald, 29 de abril de 1895, pág. 1.

    [2] “Personal Points”, Salt Lake Herald, 11 de marzo de 1884.

    [3] Aoy tenía entre 57 y 62 años. Los registros de su edad y su fecha de nacimiento se contradicen. He utilizado la fecha que Aoy indicó cuando recibió la investidura en el Templo de Logan en noviembre de 1884, según se cita en el libro de Conrey Bryson, “A Man Named Aoy”, pág. 97.

    [4] En relación con las reseñas sobre la vida y los viajes de Aoy, véase G. W. Hare, “Life and Character of Olivas Villanueva Aoy”, ¿Quién Sabe?, anuario de la Escuela secundaria de El Paso, 1900, págs. 24–29; Bryson, “A Man Named Aoy”, págs. 95–99.

    [5] “A Salt Lake Artist’s New and Old Pictures of the San Juan”, Deseret Evening News, 15 de abril de 1905, pág. 26.

    [6] Carta remitida por Olivas V. Aoy a L. M. Peterson, 27 de febrero de 1880, John Taylor Presidential Papers [Los documentos presidenciales de John Taylor], 1877–1887, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City. Aoy opinaba que el celibato era “una rebelión contra el mandamiento de Dios de Su primera y mayor ley: ‘Creced y multiplicaos’” (ortografía modernizada). Aquí se refiere al mandato que aparece en Génesis 1:28: “multiplicaos; y henchid la tierra”. Las fuentes no aclaran completamente si Aoy fue excomulgado antes de marcharse de España o de Cuba.

    [7] Hare, “Life and Character”, pág. 26.

    [8] Véase Nelson A. Reed, The Caste War of Yucatán, revisión editada, Stanford, California: Stanford University Press, 2001.

    [9] El gobernador de Yucatán Miguel Barbachano vendió rebeldes mayas a dueños de plantaciones en Cuba. Véase Michele Reid-Vazquez, The Year of the Lash: Free People of Color in Cuba and the Nineteenth-Century Atlantic World, Athens: University of Georgia Press, 2011, págs. 155–159.

    [10] Aoy se lamentaría más tarde sobre la forma en que los mayas “han sufrido la avaricia descontrolada por el oro de aquellos de nuestra propia raza, más conocidos como hombres blancos cristianos”. Carta remitida por Emil Buchmüller y Olivas V. Aoy a John Taylor, 15 de octubre de 1886, John Taylor Presidential Papers [Los documentos presidenciales de John Taylor], 1877–1887, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City. Véase también Hare, “Life and Character”, págs. 25–26.

    [11] Carta remitida por Olivas V. Aoy a L. M. Peterson, 27 de febrero de 1880. Aoy fue capellán del 75º Regimiento de hombres de color de los Estados Unidos, uno de los cuatro regimientos compuestos por esclavos liberados y hombres de color libres, organizados por el ejército de los Estados Unidos en Luisiana tras la captura de Nueva Orleans en 1862. Aoy, evidentemente, enseñó a los miembros de estos cuatro regimientos. Las unidades recibieron diversos nombres entre 1862 y 1865, pero finalmente, en 1864, fueron denominados los Regimientos 73º, 74º, 75º y 76º de hombres de color.

    [12] Daily New Mexican, 15 de octubre de 1874, pág. 1.

    [13] Pioneer Surveyor, Frontier Lawyer: The Personal Narrative of O. W. Williams, 1877–1902, edición de S. D. Myres, El Paso, Texas: Western College Press, 1966, págs. 92–93.

    [14] Artículos del Sindicato cooperativo de Nuevo México citados en el Daily New Mexican, 11 de julio de 1876, pág. 1. Otro editor describió la intención de Aoy como “la supresión de antiguos prejuicios, pasiones y fanatismos, el aprendizaje de las masas de nuestro pueblo, sus derechos y obligaciones como hombres libres, y su evolución general en el progreso y la civilización de América”, Daily New Mexican, 4 de junio de 1875, pág. 1. Entre los periódicos de Aoy se incluían el Advertiser de Las Vegas (Nuevo México) , el Cerrillos Prospector y el Wallace Watchman.

    [15] Peterson era un converso danés que hablaba español, que vivía en Manassa, Colorado. Para obtener más información sobre Peterson, véase Erastus Snow, “Correspondence: A Romantic History—Baptisms and Emigration”, Deseret News, 23 de mayo de 1877.

    [16] Carta remitida por Olivas V. Aoy a L. M. Peterson, 27 de febrero de 1880. La Voz del Desierto fue el primer periódico mormón en español. Se pueden obtener copias de este ensayo en las Colecciones especiales Perry, Biblioteca Harold B. Lee, Universidad Brigham Young, Provo, Utah. Véase también Jared Tamez, “La Voz del Desierto: An Indigenous and ‘Uncorrelated’ Mormon Publication in Mexico, 1879”, ensayo no publicado, presentado en la Conferencia Anual de la Asociación de cartas de mormones Orem, Utah, 27 de febrero de 2010.

    [17] Carta remitida por Olivas V. Aoy a L. M. Peterson, 27 de febrero de 1880.

    [18] El apóstol Moses Thatcher era el responsable de llevar a cabo la traducción completa en el otoño de 1883. Para obtener más información sobre Trejo y Stewart, véase Eduardo Balderas, “How the Scriptures Came to Be Translated into Spanish”, Ensign, septiembre de 1972, págs. 29–29; Matthew G. Geilman, “Taking the Gospel to Mexico: Meliton Gonzalez Trejo: Translator, Missionary, Colonizer”, history.lds.org; “James Z. Stewart”, en Andrew Jenson, Latter-day Saint Biographical Encyclopedia, 4 tomos, Salt Lake City: Andrew Jenson Historical Company, 1901–1936, tomo I, págs. 416–418.

    [19] August Heinrich Friedrich Wilcken, que acababa de ser relevado como presidente de la Misión Mexicana, también ayudó en la traducción y la revisión. Véase la carta remitida por Moses Thatcher a John Taylor, 5 de abril de 1886, John Taylor Presidential Papers [Los documentos presidenciales de John Taylor], 1877–1887, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City.

    [20] Bryson, “A Man Named Aoy”, pág. 97.

    [21] Resulta imposible valorar el alcance de las revisiones de Aoy porque el manuscrito original de la traducción ya no existe. Probablemente, fue destruido junto con otros documentos personales de Melitón Trejo cuando su casa fue incendiada durante la revolución mexicana (Entrevista con la familia Trejo: Salt Lake City, Utah, 8 de febrero de 1973, págs. 1–2, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City). Lo que sabemos de los cambios realizados por Aoy procede de una carta que Moses Thatcher escribió a John Taylor describiendo el trabajo de Aoy: carta remitida por Moses Thatcher a John Taylor, 15 de julio de 1884, John Taylor Presidential Papers [Los documentos presidenciales de John Taylor], 1877–1887, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City.

    [22] Carta remitida por George Q. Cannon a James Z. Stewart, 19 de enero de 1885, citada en Bryson, “A Man Named Aoy”, pág. 98. Trejo había sugerido la palabra placas en su traducción original.

    [23] Millennial Star, 21 de febrero de 1887, págs. 121–122; “Local Briefs”, Salt Lake Herald, 15 de enero de 1885, pág. 8.

    [24] El News había comprado la tipografía española con acentos y tildes diacríticas, pero los tipógrafos habituales no podían colocar de forma fiable las fuentes tipográficas correctas de las palabras en español. Véase la carta remitida por Moses Thatcher a John Taylor, 5 de abril de 1886, John Taylor Presidential Papers [Los documentos presidenciales de John Taylor], 1877–1887, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City.

    [25] Millennial Star, 21 de febrero de 1887, pág. 122. Véase también “Utah News,” Millennial Star, 12 de mayo de 1884, pág. 303; Matthew G. Geilman, “Taking the Gospel to the Lamanites: Doctrinal Foundations for Establishing The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints in Mexico” (tesis de maestría, Universidad Brigham Young, 2001).

    [26] Carta remitida por Moses Thatcher a John Taylor, 15 de julio de 1884. Thatcher escribe mal el apellido de Aoy; lo escribe como “Oay”.

    [27] Carta remitida por James Z. Stewart a John Taylor, 27 de octubre de 1886, John Taylor Presidential Papers [Los documentos presidenciales de John Taylor], 1877–1887, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City; ortografía modernizada.

    [28] Portada del Libro de Mormón. Aoy cita este pasaje, junto con varios pasajes más, para respaldar su plan relativo a la escuelas y una misión en el sudeste de México.

    [29] Carta remitida por Olivas V. Aoy y Emil Buchmüller a John Taylor, 15 de octubre de 1886. Aoy y Buchmüller redactaron artículos formales en los que se describían el propósito de la misión y los requisitos para los misioneros y maestros. El nombre que dieron a la misión fue “Asociación industrial y escolástica de la exquisita Occidentia”. El uso de palabras como “exquisita” y “tierra prometida” se hacía eco del lenguaje del Libro de Mormón.

    [30] Aoy seguía soltero, al igual que Buchmüller. El presidente Taylor autorizó a los misioneros a casarse en México, pero sólo podían contraer matrimonios monógamos. L. John Nuttall, 20 de noviembre de 1886, In the President’s Office: The Diaries of L. John Nuttall, 1879–1892, edición de Jedediah S. Rogers, Salt Lake City: Signature Books, 2007, pág. 174.

    [31] Carta remitida por Olivas V. Aoy y Emil Buchmüller a John Taylor, 15 de octubre de 1886.

    [32] Nuttall, In the President’s Office, pág. 174.

    [33] Aoy se marchó entre diciembre de 1886 y abril de 1887. Parece que Buchmüller no lo acompañó.

    [34] “A Noble Work”, El Paso Times, 23 de junio de 1887, pág. 4.

    [35] Además de los 225 dólares que Aoy había cobrado por su trabajo en la traducción, es posible que también contara con fondos obtenidos por la venta de su propiedad en St. David, Arizona. También recibió pequeños donativos de padres y partidarios de El Paso. El esfuerzo por recaudar fondos con un baile no obtuvo resultados. Véase “A Noble Work”, pág. 4; carta remitida por Olivas V. Aoy y Emil Buchmüller a John Taylor, 15 de octubre de 1886.

    [36] “A Noble Work”, pág. 4.

    [37] “The School Board”, El Paso Times, 5 de enero de 1888, pág. 5. Estos fondos, posteriormente, incluían un pequeño salario que Aoy compartía generosamente con alumnos necesitados.

    [38] “A Noble Work”, pág. 4. Para obtener más información sobre la importancia de la escuela de Aoy para la educación en El Paso, véase Mario T. García, Desert Immigrants: The Mexicans of El Paso, 1880–1920 (New Haven, Connecticut: Yale University Press, 1981), págs. 110–112.

    [39] Hare, “Life and Character”, pág. 26.